Asteroide B612

Soy un montón de cosas, parte de este Universo y como tal, parte de ustedes y viceversa. Un poco de socióloga,filósofa, escritora, poeta, pintora. Soy humana y toda la dimensión que implica esa palabra.

domingo, 8 de marzo de 2015

Carta de JULIO CORTÁZAR a MARIO VARGAS LLOSA

Carta de JULIO CORTÁZAR a MARIO VARGAS LLOSA

by Fernando Escobar Páez
img_art_12398_4417
Ginebra, 18 de agosto de 1965
Querido Mario:
A esta máquina le faltan todos los acentos; los iré poniendo a mano cuando relea esta carta, pero perdonarás que se me salten algunos. Por paquete certificado te devuelvo la novela, y espero que recibas las dos cosas sin demora. He dejado pasar una semana después de la lectura de tu libro, porque no quería escribirte bajo el arrebato de entusiasmo que me provocó La casa verde. Y sin embargo, ahora que voy a decirte algunas cosas sin pensarlas demasiado, dejando que la máquina vuele casi a su gusto, siento que el entusiasmo no solamente no ha disminuido sino que se ha afirmado, se ha vuelto ya eso que todo novelista quiere para su obra: recuerdo, memoria segura y firme. Quisiera decirte, ante todo, que una de las horas más gratas que me reserva el futuro será la relectura de tu libro cuando esté impreso, cuando no haya que luchar con esa “a” partida en dos que tiene tu condenada máquina (tírala a la calle desde el piso 14, hará un ruido extraordinario, y Patricia se divertirá mucho, y a la mañana siguiente encontrarás todos los pedacitos en la calle y será estupendo, sin contar la estupefacción de los vecinos, puesto que en Francia las-máquinas-de-escribir-no-se-tiran-por-la-ventana).
Sí, leer tu libro impreso va a ser una gran maravilla, porque volveré a vivir el largo viaje de Fushía y Aquilino, que me parece la viga maestra del edificio, o mejor, el hilo conductor de todo el tapiz, como en los diagramas geográficos la línea del nivel del mar parece regir todas las curvas ascendentes y descendentes, las montañas y las fosas submarinas. Y volveré a encontrarme con Bonifacia y con Lituma, con Nieves y con Lalita, para mí los personajes más vivos y logrados de la novela después de Fushía, o junto con él. Fíjate que así, soltándote unas primeras impresiones casi pasionales, te estoy dando ya una opinión sobre el libro; pero me parece necesario decirte, antes de seguir, alguna cosa sobre la totalidad del libro. Bueno, Mario Vargas Llosa. Ahora te voy a decir toda la verdad: empecé a leer tu novela muerto de miedo. Porque tanto había admirado La ciudad y los perros (que secretamente sigue siendo para mí Los impostores), que tenía un casi inconfesado temor de que tu segunda novela me pareciera inferior, y que llegara la hora de tener que decírtelo (pues te lo hubiera dicho, creo que nos conocemos). A las diez páginas encendí un cigarrillo, me recosté a gusto en el sillón, y todo el miedo se me fue de golpe, y lo reemplazó de nuevo esa misma sensación de maravilla que me había causado mi primer encuentro con Alberto, con el Jaguar, con Gamboa. A la altura de los primeros diálogos de Bonifacia con las monjitas ya estaba yo totalmente dominado por tu enorme capacidad narrativa, por eso que tenés y que te hace diferente y mejor que todos los otros novelistas latinoamericanos vivientes; por esa fuerza y ese lujo novelesco y ese dominio de la materia que inmediatamente pone a cualquier lector sensible en un estado muy próximo a la hipnosis (y eso no significa pérdida de lucidez, sino paso a otra forma de lucidez, que es el milagro de toda gran novela, de un Lowry o un Joyce Cary o un Dostoievski, y no te pongas colorado, peruanito, que yo no elogio así nomás a nadie, aunque sea un amigo muy querido).
A todo esto Aurora se había apoderado del primer cuadernillo, y me seguía de cerca, de modo que terminamos casi al mismo tiempo el libro y pudimos hablar mucho y criticar todo lo que encontrábamos criticable, y controlarnos mutuamente para evitar las ingenuidades o los entusiasmos excesivos o momentáneos. Para mí fue una gran alegría que mi mujer sintiera exactamente lo mismo que yo, porque es una crítica severa y tiene sobre mí la ventaja de que es más desapasionada y toma sus distancias y juzga objetivamente. Cuando sentí que ella reaccionaba igual que yo, las pocas dudas que pudieran haberme quedado sobre mi primera impresión se disiparon totalmente. Hoy, a muchos días ya de la lectura, seguimos hablando con el mismo tono del primer día. Has escrito una gran novela, un libro extraordinariamente difícil y arriesgado, y has salido adelante por todo lo alto, como diría alguno de nuestros compañeros españoles. Me río perversamente al pensar en nuestras discusiones sobre Alejo Carpentier, a quien defiendes con tanto encarnizamiento. Pero hombre, cuando salga tu libro, El siglo de las luces quedará automáticamente situado en eso que yo te dije para tu escándalo, en el rincón de los trastos anacrónicos, de los brillantes ejercicios de estilo. Vos sos América, la tuya es la verdadera luz americana, su verdadero drama, y también su esperanza en la medida en que es capaz de haberte hecho lo que sos.
Quizá te moleste este tono un poco exaltado. De acuerdo, bajaré el registro y te hablaré profesionalmente, sin olvidar las críticas que se me ocurren y sobre las que volveremos a hablar cuando nos veamos. Pero como también me ocurre que la novela me interesa profesionalmente, hay algo que tengo que decirte de entrada y sin el menor regateo: en el plano técnico, La casa verde es maravillosa. Yo no sé si alguien ha empleado ya el recurso que utilizas de los flashbacks incorporados a la acción en presente; no recuerdo ningún ejemplo, y pienso que lo has inventado. Cuando lo advertí por primera vez (Fushía y Aquilino hablan en la barca, Aquilino quiere saber cómo se evadió Fushía de la cárcel, y ahí nomás sigue un diálogo entre Fushía y sus compañeros de evasión, para volver después a renglón seguido al diálogo en presente, y otra vez atrás) sentí una impresión casi vertiginosa. Comprendí que conseguías un téléscopage del tiempo y el espacio, que le ahorrabas al lector un montón de ideas y situaciones intermedias, que tocabas lo esencial de lo narrativo, esa elección de lo realmente significativo y necesario, que a su manera todo gran novelista logra. A ese primer acierto técnico, que me sigue pareciendo cada vez más extraordinario, se suman muchos otros análogos; la irritante, a veces exasperante ambigüedad de los planos del tiempo, que exige del lector una atención vigilante, los episodios que coexisten en un solo momento del relato por el hecho de que hay una relación analógica entre ellos y es natural que los acerques (es natural, pero había que hacerlo, y es difícil, como en el relato paralelo de la muerte de Toñita y del aborto de Bonifacia). Es curioso, pero cuando iba llegando al final del libro, antes del epílogo, tuve una sensación que pocas veces he tenido al leer novelas; la de que había como una complejísima estructura musical, en el sentido en que un poema sinfónico supone temas entretejidos de una manera que el oído, que los percibe consecutivamente, puede sin embargo lograr gracias a la distribución, a los timbres, a los desarrollos y los leit-motivs, algo como una estructura simultánea, un enorme pedazo de música petrificada en la que todo lo que fluía se organiza en un inmenso tapiz suspendido delante de los ojos –del oído, si quieres– como una vivencia total y simultánea. No sé explicarme mejor, pero pienso que mientras hilvanabas los temas, los subtemas, las infinitas recurrencias y resonancias de la novela, entraste sabiéndolo o no en una dimensión musical. No lo entiendas a la manera de una influencia, por supuesto (creo que no eres demasiado melómano), sino de una analogía “estructural”. Yo, que soy melómano incurable, no encuentro otra manera de decirte hasta qué punto la trama de tu libro me parece una especie de potenciación, de proyección hacia ese plano de la arquitectura sonora, sin la cual ninguna obra humana (plástica, literaria o poética) puede superar sus limitaciones. En todo caso, desde el punto de vista de la armazón narrativa, tu libro es uno de los más complejos y más incitantes que he leído en muchos años.
Te prometí las críticas, y paso a ellas para no seguir elogiando de una manera que pueda parecerte indiscriminada. La primera observación viene de Aurora, y yo la comparto. No nos gusta el título del libro. Es pintoresco, y muy por debajo de todo lo que ocurre. Ya sé que un título es cosa difícil, pero trata de imaginar otro. Me gustaría sugerirte alguno, pero no se me ocurre nada. Y ahora, pasando a los personajes, quizá te sorprenda que, para mí, Anselmo no está logrado. Digo que quizá te sorprenda porque en algún sentido debe ser para vos el eje mismo del libro, sin contar que el epílogo está centrado en torno a él. Pues bien, no he logrado “vivir” a Anselmo. Así como Lituma chorrea vida, y Bonifacia, y Fushía, y los inconquistables en pleno, y Lalita, me ocurre que a Anselmo lo veo... literariamente. No entiendo demasiado su llegada, la fundación del prostíbulo, su decadencia, me fastidia un poco cuando está viejo y trabaja para su hija, no llega a emocionarme su amor por la ciega ni su muerte. Me pregunto por qué, y quizá cuando vuelva a leer el libro lo descubra.
En líneas generales siento como si la segunda parte de la novela estuviera algo por debajo de la primera, pero es que hay una tal variedad y una tal fuerza en todo lo que ocurre al principio y hasta la mitad, que uno queda un poco como un perro apaleado y puede ser que entonces influya alguna fatiga hasta física. No te preocupes por esta observación, que puede ser demasiado subjetiva. Pienso también (hice una nota para indicarte el lugar exacto, pero la he perdido) que algunas referencias “explicativas” están completamente de más, a menos que sean irónicas y se me haya escapado la intención. Me refiero a una parte donde das algunos datos geográficos sobre el Marañón (u otro río, pero creo que es el Marañón), y lo haces en uno o dos párrafos que parecen intercalados didácticamente, y que me molestan por eso. Precisamente lo estupendo del libro (ayer se lo decía a Deustua) es que la descripción de la naturaleza, que es fundamental en la novela, está de tal manera fusionada con la acción, que jamás se da uno cuenta de que tú le estás mostrando al lector cómo es un claro del bosque, una curva del río, una calle de la ciudad. Hay una sola atmósfera en que todo ocurre simultáneamente, escenarios y acciones, y eso es de lo más difícil y te lo digo por amarga experiencia personal. El clima general del libro (sequedad y arena y viento, o calor húmedo y alimañas y pantanos) surge con una fuerza tremenda, y alguna vez que me he detenido a analizar un par de páginas para ver cuál era la acumulación de detalles que provocaba esa fuerza, he visto lo que te digo más arriba, es decir, que te basta contar a tu manera para que todo se dé en una misma instancia narrativa, sin esa separación escolar entre “descripción” y “acción” que es propia del novelista común.
Hablando de descripción, se me ocurre que así como en la edición de La ciudad y los perros Seix Barral incluyó la foto del Leoncito Prado, estaría muy bien que en La casa verde hubiera un mapa. Los no peruanos tendríamos un gran placer en ubicar mejor el escenario general del libro, y creo –es una idea de Aurora, que como ves colabora bastante en esta carta– que si la cubierta del libro fuera un gran mapa de toda la Amazonía (abarcando el lomo y la contratapa), en esa forma se eliminaría lo que tiene de pedante o “científico” un mapa en el interior del libro, y a la vez el lector se daría el gusto de situar a Iquitos o de imaginar la barca de Aquilino en algún tramo del río. A esto te agrego que un pequeño glosario no sería inútil; las diversas tribus indígenas, y unas cincuenta palabras-clave del libro, merecerían una explicación. Uno las va comprendiendo por el contexto, pero comprenderás que los no peruanos estamos a veces un poco perdidos. Silabario puta, soldado carajo, che. Chuncha de la madre, calato, gamitana o zúngaro, silabario jodido, che Mario.
Última cosa: Creo que nunca le das su verdadero nombre al Pesado, pero al final, cuando se ha casado con Lalita, le das su apellido y el lector se queda desconcertado hasta que lo reconoce. O le suprimís el apellido (creo que sería lo mejor, porque uno ya es amigo del Pesado, y no tiene otro nombre que ése) o se lo das un par de veces al comienzo para que no sorprenda al final.
Bueno, yo creo que por esta vez ya está bien. Espero no haberte aburrido demasiado, pero cuando nos encontremos (alguien susurra que venís a Ginebra en estos días, y sería estupendo, porque nosotros estaremos hasta el 27 y podríamos quizá encontrarnos todavía) volveremos a hablar mucho de tu libro. Te agradezco que me lo hayas confiado así, en manuscrito; me permití prestárselo a Raúl, que lo había leído sólo en parte y quería terminarlo. Otros me lo pidieron (Girbau, por ejemplo), pero me negué, porque no me sentía autorizado a hacerlo.
Perdóname la improvisación de esta carta, dale un beso a Patricia de parte de Aurora y de mí, y un gran abrazo de este hermano tuyo que se siente tan feliz de haberte escrito esta carta,
Julio [Cortázar]
[P. S.] Oleriny me manda una postal, y dice que no le has mandado el libro. Me pide que “pierda dos palabras en su favor”. En checo, supongo que quiere decir que te recuerde que le gustaría recibir la novela. No tengo aquí la dirección de Chermak en Praga. ¿Podrías hacerle llegar las líneas que te envío adjuntas? Muchísimas gracias.
Texto original tomado de:

domingo, 15 de febrero de 2015

Nos roban las nubes

NOS ROBAN LAS NUBES                                           by joseppamies
chemtrails 
En la década de los 80, agricultores de Soria (España), denunciaron que mediante fumigaciones clandestinas realizadas con aviones, les robaban las nubes provocando sequias y fueron tildados de locos por cargos públicos.

Ahora otros agricultores de Levante y de Zamora denuncian lo mismo, pero la respuesta institucional no ha variado.
Sin embargo, documentos oficiales demuestran que en España se llevan realizando experimentos de modificación climática desde el año 1979 con aviones militares o civiles camuflados con la protección del secreto militar.
Lo mismo ocurrió hace unos años en Catalunya. Cuando se pidió explicaciones al Síndic de Greuges (equivalente al defensor del pueblo en España), sobre las prácticas de fumigar nubes, cuando se estaban originando en el pre Pirineo, con la consecuencia de ovejas muertas y sequias persistentes, la respuesta del Sindico fue , que no podía ir mas allá en la investigación, porque estaba restringida la misma,  escudándose en el secreto militar.

¿Porque los militares siempre pueden actuar con total impunidad?
Simplemente pedíamos de donde despegaban los aviones que fumigaban las nubes, para poder pedir explicaciones sobre que sustancias rociaban las mismas y de paso el resto de animales, plantas y humanos que estábamos debajo de ellas.
Por suerte se está originando un movimiento que plantea de una vez por todas el esclarecimiento de estos hechos encabezado por la activista ambiental, Josefia fraile, convocando el  1º encuentro de agricultores, viticultores y apicultores afectados por la fumigaciones aéreas clandestinas en Madrid LOS DIAS  28 de Febreo y 1 de Marzo

En esta Conferencia se desvelará quién, cómo, cuando, por qué, y sobre todo qué cabe hacer para exigir responsabilidades y poner fin a esta locura en la que alguien nos metió sin pedirnos permiso
Sólo tenemos un planeta tierra, y es nuestro hogar.
Si permitos que cuatro psicópatas manipulen los sistemas climáticos naturales, el resultado será la destrucción de toda la cadena de vida. Tenemos que saber la verdad para poder enfrentarnos a ella, plantarle cara y evitar que estos aberrantes experimentos sigan adelante.
Entrevista a Josefina Fraile , donde nos da detalles de esta manipulación de las nubes.

lunes, 2 de febrero de 2015

Ahora que estoy viva






Ahora que estoy viva

Prefiero que compartas conmigo unos pocos minutos
ahora que estoy viva y no una noche entera cuando yo muera.
Prefiero que estreches suavemente mi mano ahora que estoy viva,
y no apoyes tu cuerpo sobre mí cuando yo muera.
Prefiero que hagas una sola llamada ahora que estoy viva y no
emprendas un inesperado viaje cuando yo muera.
Prefiero que me regales una sola flor ahora que estoy viva y no
me envíes un hermoso ramo cuando yo muera.
Prefiero que elevemos una corta oración ahora que estoy viva
y no una misa cantada e interminable cuando yo muera.
Prefiero que me digas unas palabras de aliento ahora que estoy
viva y no un desgarrador poema cuando yo muera.
Prefiero escuchar un solo acorde de guitarra ahora que estoy
viva, y no una conmovedora serenata cuando yo muera.
Prefiero que me dediques una leve plegaria ahora que estoy viva
y no un poético epitafio sobre mi tumba cuando yo muera.
Prefiero que poses tu mano sobre mi hombro ahora
que estoy viva y no que solo esperes cargar mi ataúd sobre tu hombro cuando yo muera...
Prefiero apreciar contigo una flor que está naciendo ahora que estoy
viva y no grandes coronas de flores que adornarán la tristeza cuando yo muera...
Prefiero disfrutar de los más mínimos detalles ahora que estoy
viva y no de grandes manifestaciones cuando yo muera...

El Peatón de Parìs

El Peatón de París
“Nosotros, gentes de meditaciones, de reflexiones y de tinta.”
Escribir es un trabajo de artesanía, un trabajo que Léon-Paul Fargue, fundamentalmente poeta, exploró en sus ensayos y aplicó en sus poemas. Parte de ese trabajo consistió en la búsqueda de escribir lo que no se escribe; superados por la imposibilidad de acceder al exclusivo club de las obras maestras, regidas por el principio de la inspiración, sólo queda a los escritores la tarea de rellenar los espacios que éstas han dejado, los márgenes, los intersticios para los que la inspiración ya no sirve y solamente pueden ser materializados usando la intención.
“El escritor sólo me estimula en tanto en cuanto me desvela un principio físico, en tanto en cuanto me da a entender que podría trabajar con sus propias manos, ser pintor, escultor, artesano, cuando me muestra el sentimiento de lo “concreto individual”. Si no imprime a su obra el carácter de un objeto, de un objeto insólito, me interesa sólo marginalmente.”
¡Ah, París!
Errata Naturae
Errata Naturae
En el intervalo temporal que transcurre entre las dos guerras mundiales, París es el centro del mundo del arte y de la cultura; no solamente actúa de foco atrayente para los propios franceses, sino que su luz llama a artistas de toda Europa y atraviesa incluso el Atlántico para convertirse en la indiscutible, y tal vez última, capital cultural del mundo. Los ismos, con distinta fortuna, se suceden a velocidad de vértigo, pisándose los talones -y, a veces, los juanetes- y es tan imposible asimilarlos como seguirlos… con una sola excepción, el inédito,  localizable pero omnipotente parisismo. Es este ambiente fértil para la infección sectaria el que facilita la aparición de, si no el gran libro sobre París, sí tal vez, el libro que los une a todos, el compendio de todos los textos que han tenido a Lutecia como entorno, como excusa o como protagonista, El peatón de París (Le Piéton de Paris, 1939), formalmente, un ensayo a modo de crónica del poeta francés Léon-Paul Fargue, pero en realidad un inventario detallado y razonado de recuerdos y sentimientos.

El París de los boulevares, de los muelles y de las plazas, en el que se desenvuelve con agilidad este flâneur, no es más que el marco en el que se desenvuelve la vida real, la de los paseantes, los ociosos sentados en las terrazas y las familias en torno a la mesa al otro lado de las ventanas iluminadas del crepúsculo, pero también la nostalgia por el París que fue, la de los fantasmas de los conciudadanos que también pasearon por esos mismos lugares, todos juntos, en un alegre pasacalle que junta a todos los vivos y los muertos.

Fargue acompaña al lector a la búsqueda de la esencia del París eterno, la ciudad de acogida en la que “no es necesario haber llegado a este mundo para ser parisino”, el que resiste el paso del tiempo, el que permanece de antes de los hechos de la Bastilla y que no pudo modificar la reforma de Haussmann; o, más que la esencia, el espíritu, l’esprit, el legado que han dejado las generaciones de parisinos y de foráneos que han hecho de la ciudad su casa, su castillo, su refugio.
“París se reducía entonces para nosotros a una síntesis donde veíamos una bella mujer, un cabriolé, un lacayo, un viejo general, una violetera o un joven oficial a caballo.”
La historia acaban escribiéndola, en mayúsculas, los estados, pero quien la redacta, en modestas minúsculas, es la gente; y los hechos relevantes no son ni las grandes batallas ni los pomposos tratados internacionales, sino la cita diaria en la panadería de la esquina, “el pequeño pequeño mundo que bebe de pie.” Las verdaderas crónicas no son los anales de los historiadores sino las habladurías de los mozos de carga en el Quai d’Orsay o los comentarios de los parroquianos acerca de los muslos infinitos de la última estrella del teatrucho de la plaza Pigalle. Los verdaderos protagonistas son esa nómina de personajes singulares, característicos de París, los artistas, las artistas, la fauna nocturna -“gente que se dedica a la noche como quien se dedica a la pintura”- que lucía planta, ocurrencias y proyectos mientras arrastraba su carencia de francos y de ideas, siempre a la busca de alguien con posibles a quien sablear con su brillante labia o que, mal menor, le pagara la última copa. Fargue se pasea por Saint-Germain, pero no puede disimular su simpatía por los barrios y ambientes populares y bohemios, ni se ahorra sus velados reproches por las zonas más elegantes, como si éstas traicionaran el indefinido pero genuino espíritu de la ciudad.

En definitiva, El peatón de París acaba siendo un homenaje a todos los que ha  hecho de la ciudad aquello que ha llegado a ser, un agradecimiento por su legado y un reconocimiento por su aportación; aunque aquellos que no estén muertos arrastren los restos de su grandeza con trajes descoloridos, cuellos deshilachados y zapatos sin suela.
Jan Assman 


domingo, 25 de enero de 2015

TE QUIERO SIN MIRAR ATRÁS



Y decidí compartirlo con el viento...Cada frase, un trozo de alguien; otros, perdidos en todas ellas. Frases sin gentes que dialogan en la soledad. Aurora
TE QUIERO SIN MIRAR ATRÁS
Te quiero mansamente, entre las sombras de las falsas ilusiones...

Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, linea tras linea, letra por letra, espacio por espacio...
Te quiero para tomarte de la mano bajo el firmamento y mostrarte los te Amo escondidos entre las estrellas...
Te quiero sobre las hojas de otoño, hablando de nada pero a la vez de todo y en un arranque de locura beber tus lagrimas mientras desfallezco en tus labios...
Te quiero para buscarte entre las frases no dichas, entre los pensamientos enterrados, entre las maneras complicadas quiero encontrarte y después no dejarte...
Te quiero como para llevarte a mis lugares favoritos y contarte que es ahí donde me siento a buscarte en la niebla de miradas que no son tuyas pero aun así te busco...
Te quiero para volvernos locos de risa, ebrios de nada y pasear sin prisa por las calles, eso si, tomados de la mano, mejor dicho... del Corazón.
Te quiero como para sanarte, y sanarme, y sanemos juntos, para remplazar la heridas por sonrisas y las lagrimas por miradas en donde podremos decir mas que en las palabras...
Te quiero por las noches en las que faltas, te quiero como para escuchar tu risa toda la noche y dormir en tu pecho, sin sombras ni fantasmas, te quiero como para no soltarte jamás...
Te quiero como se quiere a ciertos amores, a la antigua, con el Alma y sin mirar atrás...

Mario Benedetti


lunes, 19 de enero de 2015

Secretos




Para mi amor platónico

Al fondo del espejo encontré tu sonrisa escondida
Esa, que bajo las hojas verdes de un  febrero
Se quedó viviendo en mis ojos.
Al fondo del espejo se quebró el secreto
Regresaste

Saltaron tus labios, que bajo mi lengua guardaron sabores
para perderse en mi boca
Tus manos reconociendo la figura olvidada
Llenas de luz hasta mi infinito
sonaban bajo mi piel

¡Ay de esa terca foto¡
¡Ay de ese conjuro de amor¡

Perpetuándonos,
A vos, a mí
bajo el velo de una eternidad, sin tiempos ni olvidos
recogidos y esperando revivir las esquinas nuestras
las noches con sol
y el día con estrellas

Vos y yo, y esa foto sellando complicidades
Casi niños casi jóvenes
Casi viejos ahora
Renovando el beso esperado y congelado en el tiempo

Yo y vos,
Discretos, reteniendo miradas para otro futuro, 
floreciendo en el silencio de una dulce pasión. 
desatando la adolescencia guardada en nuestros cuerpos maduros
En ese infinito momento
Que entre demonios y ángeles
Supo de vos, supo de mí
Supo de esa mujer y ese hombre
Convertidos en niños jugando al amor


Aurora Suárez
Lunes 19, 2015

jueves, 4 de diciembre de 2014

TAO: El camino silencioso


TAO: El camino silencioso

"El ladrón se olvidó la luna en la ventana...." Así comentó feliz, un viejo ermitaño taoísta, al ver que le habían robado todo.. (Antiguo cuento Zen) 

EXISTE ALGO QUE ES COMPLETO.
ERA ANTES QUE EL CIELO Y LA TIERRA.
QUIETO Y PROFUNDO.
ÚNICO Y NO CAMBIANTE.
AUTOSUFICIENTE E INMUTABLE.
PODRÍA LLAMÁRSELE LA MADRE MISTERIOSA.
NO SE LE CONOCE NOMBRE.
YO LO DESCRIBO CÓMO EL TAO
Lao Tse (Tao Te King)



Lo que voy a mostrar es una paradoja. ¡Tantas palabras para describir lo indescriptible y tantos nombres para lo innombrable! Pero el mismo Silencioso Tao contiene en su Ser todo lo que el Hombre es, y por lo tanto este artículo solo se muestra paradójico con respecto a la lógica humana pero no con respecto a la Esencia del Tao, ya que se nutre de paradojas por sí mismo,

Lo que escribo es fruto de mi deseo de informar de una manera poética lo que siento y lo que he recibido cómo enseñanza, de otras personas. Pero los textos del Tao, sean del Tao-Te-King o de otros filósofos-poetas, son para detenerse en ellos. No para pensar sino para sentir. Acariciar sus palabras como si fueran un bombón que nos da pena que se diluya y se termine. Y también es bueno leerlas y quedarse en silencio para que penetren dentro del alma. Quedarse en silencio para que surja algo distinto a una mera repetición de frases que si no se meditan, apenas se comprenden sintácticamente. Cobijado uno en la Madre Misteriosa….¿Qué sucede en el corazón?. ¿Profundizas?…¿Se siente uno impelido a dejar de leer y se agita con impaciencia?…¿Se puede razonar lo que se lee?…¿Nos deja fríos?- ¿Reaccionamos defensivamente… molestos por algo que no se puede definir?…¿Se siente paz?…¿Sonríes?…¿Se es capaz de intuir que todo lo que se siente, piensa y se és, es la expresión de Eso?…¿Qué detrás de toda la miríada de fenómenos del mundo, incluido aquello de índole anímica ha sido engendrado por la Madre Misteriosa?

El mundo del Taoísmo es atractivo por muchas razones. Pero la estética oriental tiene mucho que ver en la aceptación de su simbología y su arte. Presenta una imaginería sencilla, muy expresiva, poética y estilizada. Atrae nuestra imaginación hacia el alma de la Naturaleza. Pone orden a nuestras visiones interiores y nos enseña que la humildad no está reñida con la belleza extrema. Que tanto un trocito de roca, como un sencillo pez de colores, o la imagen de un paisano montado en un buey, o un risueño ermitaño bajo la luz de la luna, evocan la paz, y la armonía en aquellos que se sienten movidos por dichas formas. Todo es puro sentimiento, pero no sentimentalismo u afectación.. El sentimiento es insondable. La afectación es contaminante. El Taoísmo se nutre de lo insondable… lo llama la Madre Misteriosa, y otorga a esa fuerza creadora que otras culturas llaman Dios o Padre Celestial, la potencia de lo femenino y cuenta con la reflexión profunda y la aceptación de lo que tal reflexión produce, cómo la manera de explicar el Mundo a los hombres a través de la palabra, aún a sabiendas que tal palabra no es algo concreto sino una energía para despertar el alma del mundo a los seres humanos. El Taoísmo, aprende del comportamiento humano. Todo el Universo que conocemos está diseñado, interpretado, e imaginado e incluso expresado a través de los sentidos, de la razón del pensamiento y de la intuición, pero sobre todo de la Consciencia

En sí, no es ninguna religión, ni como una cosmogénesis, ni cómo una ritualización o jerarquización de tales ritos. Ni cómo normativas morales, ni credos, ni ideologías. Es un camino anímico, nacido en el alma de unos hombres que además de pensar, vivían la vida con la intensidad total de la Conciencia. Vió la luz en un siglo mágico para el desarrollo del pensamiento de los hombres. El Siglo VI A.D.C. No sabemos, por qué ese siglo dio a luz a tantos hombres de estatura gigante, ya sea para la cultura llamada oriental o la occidental. Fijaros. Tenemos al Buda Gautama en la India. Confucio y Lao-Tse en China, Zoroastro en Persia. Pitágoras y Heráclito (el “Taoísta occidental) en Grecia, Mahoma en Oriente Medio. ¿Es casualidad…? Yo me inclino a pensar que es la muestra palpable de la famosa teoría de la sincronicidad de Carl. G. Jung, que admite que la vida y sus movimientos no están sujetos a una programación, sino que fluyen en todas las dimensiones, y que cuando la Mente Universal genera un “ente” de pensamientos, o descubrimientos o incluso de comportamientos no se realiza en un solo punto sino que todos los posibles. Luego, los hombres, dependiendo de sus características hacen que tales ideas, o “entes”· se transformen de una manera u otra. En definitiva, las cosas son cuando suceden, en nuestra manera lineal de percibir el mundo, pero en realidad las cosas son siempre. El tiempo no existe para le Mente Universal. Las dimensiones están producidas en nuestro cerebro limitado y aunque nos resulte muy difícil de entender, nuestra inteligencia desarrollada y altamente arrogante actual no es más que aquel primer ser microscópico, que decidió en una charca primigenia iniciar el camino de los seres llamados vivos. (mal llamados vivos)

Heráclito hablaba y pensaba de igual manera que Lao-Tse, pero fue absorbido por el creciente pensamiento heleno, que buscaba una explicación de los fenómenos de la Naturaleza, y en ello se abrieron paso teorías de tipo matemático que anudaban dentro de una lógica las cosas del mundo. El razonamiento intuitivo no bastaba. Debía de ser racionalista, experimental y altamente intelectual.

Ha pasado mucho tiempo, y me maravilla la frescura con la que en pleno siglo 21 estos pensamientos, nos llegan y nos embalsaman. Estoy segura de que en caso de un cataclismo inmenso… de quedar unos pocos seres humanos en la Tierra, todo volvería a aparecer de nuevo, con sus luces y sus sombras. Y entre esas luces, volvería a resurgir la filosofía del Tao, ya que el seno de la Madre Misteriosa contiene el germen de todo lo que es, todo lo que ha sido y todo lo que será. ¡Vano esfuerzo de los hombres para alcanzar la Inmortalidad con sus obras! No estamos acostumbrados a “pensar a lo grande”, aunque así lo creamos. Pensamos a lo raquítico, y nuestros afanes están dominados por la idea de la muerte. Aquel que se siente en el Tao, entra en la muerte tan pleno y satisfecho cómo en la Vida. Honestamente creo que aunque el ser humano desapareciera de la faz de la Tierra, quizás el Tao lo volvería a sembrar en otro lugar distinto. Y a lo mejor con otras características diferentes.¡ Solo por experimentar!… que no hay ninguna intencionalidad en la Naturaleza sino un hacer en perpetúo goce de creación y expresión de su propia fuerza.



EL TAO QUE PUEDE SER EXPRESADO NO ES EL TAO ETERNO.
EL NOMBRE QUE PUEDE SER NOMBRADO NO ES EL NOMBRE ETERNO. 
EL PRINCIPIO DEL CIELO Y LA TIERRA SE HALLAN EN EL “NO SER”. 
EL “SER” ES LA MADRE DE LO ÚNICO. 
POR ESO, LA DIRECCIÓN AL “NO SER”, LLEVA A LA CONTEMPLACIÓN DE LA MARAVILLOSA ESENCIA. 



El HILO ROJO

EL HILO ROJO
Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa que tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mando traer ante su presencia.
Cuando la bruja llegó, el emperador le ordeno que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa; la bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo. Esta búsqueda los llevo hasta un mercado en donde una pobre campesina con una bebe en los brazos ofrecía sus productos.
Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invito a ponerse de pie e hizo que el joven emperador se acercara y le dijo : “Aquí termina tu hilo” , pero al escuchar esto , el emperador enfureció creyendo que era una burla de la bruja , empujo a la campesina que aun llevaba a su pequeña bebe en los brazos y la hizo caer haciendo que la bebe se hiciera una gran herida en la frente , ordeno a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.
Muchos años después, llego el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda y el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entro al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente.
Al levantarle el velo vio por primera vez que este hermoso rostro….tenía una cicatriz muy peculiar en la frente.
Una cicatriz que él mismo había provocado al no ver al destino que había pasado frente a él y también nos muestra como los amores destinados son eso, no podemos escapar de la persona que nació para amarnos.



jueves, 20 de noviembre de 2014

Olvidé noviembre

OLVIDE NOVIEMBRE

Olvidé que  es  noviembre, el tiempo se estancó desde febrero

He permanecido atrapada en una oropéndola
burlándome de lo absurdo
limando las esquinas de mi cuerpo adolorido
transparente por dentro
figura de mujer deshecha
que ya no sabe a nada
Dudo de existir
araño mi piel para sentir vida, sensaciones, existencia
escribo letras de primer grado
leo cuentos amarillos
escucho música celestial
pienso sin pensar
me arrojo al mar para perderme entre simbolos.

Todo es un absurdo 

Desde una esquina de mí, intento acercarme a ésta, la "otra"
la que vive un presente sin tiempos
sin señales de alguien que "fue"
la sinsentido que gira diariamente alrededor del mismo círculo
se disfraza para hacer lo inimaginable
Ser los otros y las otras

¡Hasta mis lágrimas han prohibido¡

Quisiera disolverme hasta sentir que soy tierra pura.

Olvidé noviembre, y el gris cae sobre mí

Aurora Suárez
Noviembre, 20 del 2014.