Asteroide B612

Soy un montón de cosas, parte de este Universo y como tal, parte de ustedes y viceversa. Un poco de socióloga,filósofa, escritora, poeta, pintora. Soy humana y toda la dimensión que implica esa palabra.

lunes, 4 de agosto de 2008

¿Pasividad o Cobardía moral?

¿Pasividad o Cobardía moral?


Por Aurora Suárez


Desde que tengo uso de razón en “política”, por llamarle así, siempre me he preguntado cuál es la magia que han tenido las dictaduras (franquismo, pinochetismo, somocismo, etc.) para sostenerse durante décadas en el poder, ante la pasividad por mucho tiempo, en general, de la sociedad civil.

El discurso de los sistemas actuales sobre que el pueblo es la causa principal de legitimación en el ordenamiento jurídico democrático de un país, constituye un cinismo más del poder por un lado y, por otro, no desculpabiliza al discurso, sobre sus actos o pretendida propiedad sobre la verdad.

Sería muy atrevida en denominar en la actualidad a un sistema político como “dictadura”, más bien, lo que tenemos es un “remake” de viejas ideologías fracasadas. Y si se quiere hablar de socialismo o revolución en estos tiempos, estos, presentan escasa o nula simetría con las conceptuadas en su momento, más bien son una ilusión de crear una democracia con lenguaje y símbolos desenterrados de los manuales de Rius. Se conserva el mismo sistema, solamente que menos definido en su naturaleza de ser. Algo similar ocurrido con el capitalismo, al que concibió en sus intenciones (según Adam Smith) en esta frase: “Las transacciones, cualesquiera, que no generen mutuo beneficio tienden inexorablemente a desaparecer”. Y ahora, su nueva versión es la Globalización.

La antigua y nueva modalidad del poder, ha girado y continúa haciéndolos, en redimir al “otro”: los oprimidos y desfavorecidos. Para darle legalidad – categoría que tiene un valor de uso, mal-usado por la democracia - a sus discursos, se ampara a través de reformas constitucionales, decretos-leyes, por ejemplo, aunque las mismas carezcan de legitimidad.

Realizando una rápida lectura del pasado mediato y del pasado inmediato de nuestra sociedad, identificamos una cadena de acero formado a través de momentos por cuentitas llamadas dolor, angustia, miedo, incertidumbre, desconfianza, dificultad, pobreza, injusticia, ilegalidad, entre tantos hechos de orden destructivo no sólo para el desarrollo de la sociedad en sí y para sí sino también para la salud mental del conjunto de personas. Por eso, no resulta extraño que esperando en una parada de bus u observarla desde un vehículo, descubramos en adultos y semi-adultos, expresiones en sus rostros de desesperanza, pesimismo, tristeza, preocupación, apatía y ansiedad.

Difícilmente (excepto para los socios y dueños de la elite, algunos grupos burócratas de Organismos u otros “iluminados” por la filosofía oriental, cristiana, etc.) coincidimos con personas optimistas, alegres o satisfechas.

Es muy común, escuchar en cualquier ambiente la pregunta ¿Por qué el pueblo que no reacciona? ¿Qué está pasando? Y una de las respuestas más cotidianas es: estamos cansados. Me propuse ir más allá de esa preocupación general y esa respuesta cómoda que denota una aceptación a la situación, algo inaceptable en estos tiempos. Confieso que en este caso, disiento de un consejo budista que dice algo así: Si un problema no tiene solución, para qué preocuparse y, si la tiene ¿para qué preocuparse? Es un deber. Somos parte una estructura social en la que nos desenvolvemos.

Para salir de los pensadores tradicionales que abordan estos tópicos, voy a referirme a una entrevista realizada a Heisemberg, un notable físico alemán, de esos “puros” que anulan este otro “mundo” (social, antropológico, etc.) por ser apolítico, en donde define a la persona pasiva como la que decide no preocuparse por ningún problema y vivir al margen de lo que ocurre; el que no se anota ni se compromete con nadie; falta de análisis y mucha flojera mental, entre otras cosas. ¡Hasta Heisemberg sorprendentemente se expresó al respecto¡

Asociando sus respuestas con nuestros comportamientos se advierten menos analogías que disimilitudes: hay preocupación e interés generalizado por la situación (ilustrados. desilustrados e iletrados realizan sus propios análisis, sino amigo lector, recuerde su última conversación con el taxista), resalta la incredibilidad política (veamos pues, los resultados de la reciente verificación ciudadana para las elecciones municipales), manifestaciones de comportamientos agresivos e intolerantes (les invito a revisar los comentarios de los blogs de periódicos nacionales), entre otros. Es decir, no podríamos hablar categóricamente de una pasividad generalizada hay rebeldes a como les llama Osho, pero que se mueven en los suburbios de nuestra mente.

De lo contrario, no se producirían algunas manifestaciones de ese “rebelde” como son las recientes movilizaciones, que si bien es cierto han surgido desde grupos de poder de la “sociedad civil” (intelectuales, profesionales, empresarios y políticos excluidos), encontramos alguna representatividades de los que “no creen en nada, ni en nadie” y se suman a éstas como un escape para canalizar su ira, impotencia y descontento hacia el poder ya que carecemos de líderes.

Me atrevería calificar a esta sociedad, como una sociedad pasiva consciente, un tanto enfermiza y evasiva (alcohol, drogas) que está agonizando poco a poco. De tal manera, que nos hemos sumado como un país más en la lista de las “sociedades depresivas”, como si fuéramos ciudadanos del primer mundo, aunque vivamos como los africanos.

No en vano y en parte son responsables estos sistemas, la OPS/OMS señaló que la depresión en el año 2000 ocupaba el cuarto lugar en la tabla de enfermedades causantes de discapacidad, afectando a 350 millones de personas en el mundo y amenaza con ser, en las próximas dos décadas, la segunda causa de discapacidad. Aunque resulta difícil, pero no imposible romper con el pasado (no somos impermeables), descreer en el futuro (para no sufrir desencantos) y disponerse a vivir el presente: separando nuestras ideas de falsas ideologías a través del análisis crítico de la realidad.

Lo de “sociedad enferma” no debe causarnos estupor, ni llevarnos a negar el hecho. Existen diversos comportamientos que lo corroboran (agresividad, frustración, pasividad, anomia). Por otro lado, vivimos el fenómeno de la cobardía moral, ésa cómplice y silenciosa ante el poder, que la encontramos en muchos de las clases medias y altas decadentes o en extinción: profesionales, empresarios, académicos, intelectuales, burócratas, etc. Los que critican bajo seudónimos, odian al poder, pero viven y quieren más de él. Mientras el poder, hace su lectura del futuro y evalúa sus resultados a partir de lo que está sucediendo hoy, para seguir rediseñando estrategias, nosotros nos desgranamos en la disyuntiva: principios morales vs. factores económicos.

Como aditivo se suman las discrepancias en los diferentes niveles del poder, los exacerbados intereses políticos y económicos (sobretodo desde la elite), la ausencia de un plan de desarrollo económico y social coherente y participativo para salir de esta crisis que nos tiene privados cada vez más de nuestras necesidades básicas humana, la pérdida de la confianza en nosotros mismos, en quienes nos rodean, en el sistema y, ¡Hasta en nuestra pareja¡

Es necesario ponernos de acuerdo en lo esencial, de lo contrario continuaremos recorriendo el mismo circulo (reforma del estado, corrupción, pobreza…) y seguiremos viendo con nostalgia cómo los grandes males sociales y económicos nos fusilan en los silencios de nuestros insomnios cada día. A como dice Osho, “… el pasado te ha dejado inutilizado completamente. La carga del pasado es tan pesada que todo el mundo ha quedado aplastado por ella”. Pero debemos ser ese rebelde a quien el define como la persona que “… está en un proceso constante, continúo. Toda la vida de un rebelde es un fuego que quema. No responderá a ninguna situación de acuerdo con su experiencia pasada, responderá a cada situación de acuerdo con su conciencia actual.

Y recordando a Schiller, con su poema "Sentencias de Confucio" que nos dice: "Sólo una mente plena es clara, y la verdad habita en las profundidades." Nos damos cuenta que solo estamos moviéndonos en la superficie…Me pregunto ¿Hasta cuándo?

miércoles, 9 de julio de 2008



El violinista sobre el tejado

Con amor, para el más grande antagonista, Freddy Antonio

Por Aurora Suárez

En este artículo no voy a referirme a la producción musical norteamericana “El violinista sobre el tejado” (Norman Jewison, 1971), sino más bien, a otro. En enero del 2007, el diario norteamericano “The Washington Post” propuso a Joshua Bell, uno de los violinistas más famosos del mundo a someterse a un experimento con el fin de generar un debate sobre el valor que le damos las personas al arte. El experimento consistió en colocar una cámara oculta en una estación de metro en Washington DC donde ubicaron a Bell, en la entrada en una hora ”pico” de la mañana, con una vestimenta rudimentaria (jeans, camiseta barata, etc.), para tocar durante 45 minutos consecutivos obras de Brahms y Schubert y partituras de Bach con su violín Stradivarius de 1713, valorado en 3 millones de dólares.

Las personas fueron imperceptibles y frías, no sólo ante las melodías sino al personaje que allí se encontraba. Se les puede ver en el video entrar y salir casi corriendo, apurados, sin detenerse ni por un segundo a echarle u vistazo al “desconocido”. El resultado de este ensayo espectacular y objeto de reflexión, fue que de la masa humana circulante durante todo ese tiempo, sólo siete personas se detuvieron durante un minuto a verlo por curiosidad y sólo una mujer, un tanto confundida se detuvo a reconocerlo, ya que el día anterior se había gastado medio salario para ir a escucharlo y sorprendentemente lo tenía frente a ella, con una gorra en la que logró recaudar treinta y dos dólares. Paradójicamente, Bell, la noche anterior había reunido a varios millares de personas en la Biblioteca del Congreso donde fue ovacionado y los mejores lugares para disfrutar el concierto costaban la insignificante cifra de 1,000 dólares.

La mayoría creyeron quizás que era uno de esos “artistas ambulantes” que se les encuentran en las calles de muchas metrópolis con su alfombrita o sombrerito para recibir un reconocimiento monetario ínfimo por su valor artístico (caridad que muchos realizan por lástima). Algo así como empezó Edith Piaf en las calles de París, pero ella tuvo la suerte de ser rescatada del anonimato y de la exclusión que viven muchos artistas.

Esta experiencia, me condujo a reflexionar un poco sobre los famosos conceptos marxistas de “valor de uso” (disfrute, necesidad) y “valor de cambio” (dinero, status) y a la percepción engañosa de la cual somos objeto a diario. Ya Jean Baudrillard, uno de los pensadores más críticos de la sociedad de consumo y su “cultura del simulacro”, señalaba en "Crítica de la economía política del signo" (1972): "Marx ha demostrado que la objetividad de la producción material residía no en su materialidad sino en su forma. Ese es el punto de partida de toda teoría crítica". Baudrillard, fue más allá de esa conceptualización por considerarla insuficiente en el contexto de la globalización, creando el concepto de “valor-signo” de un objeto, como indicador de algo sobre su consumidor y que a través de los medios de comunicación y la representación de la realidad tienen un lugar central, cobrando tanto realismo como los objetos materiales. Desde su perspectiva, los medios de comunicación son los constructores de una ilusión radical que “niega la realidad mediante el ejercicio retórico de la hiperrealidad”.

Pero… ¿Quiénes hacen eso? La publicidad que está por doquier, vendiéndonos marcas de un producto que representan “signos” distintivos, no solo para diferenciarlos “entre sí” sino por representar valores como prestigio, distinción, elegancia, nivel económico, popularidad o admiración, entre otros.

La maquinaria acelerada de la publicidad y su innegable influencia en la sociedad, nos ha convertido en sus esclavos, primando la frase “debes comprar esto o aquello”. Inconscientemente, hemos ido perdiendo nuestra libertad en decidir: se responde a los “signos” que te ubican en determinado status social o bien, para satisfacer deseos e ilusiones, aunque no sean necesarios. Simulacros que van tejiendo estereotipos que te definen quién sos y cuánto valés. ¿Querés status? ¿Querés aceptación social? ¿Querés autoestima? ¡Ya sabés qué y donde comprarlo! Existe un fenómeno de condicionamiento biológico (esbeltez, virilidad, por ejemplo), simbólico (marcas).y espacial (lugares). Los signos, adjudican el valor a los objetos y se han convertido en referentes para la gente, jerarquizando las relaciones sociales, económicas, políticas y culturales. Es por ello, que nadie reconoció a Bell. No vestía un frac, ni tampoco se encontraba en un gran teatro, era “uno más” despojado de cualquier “signo” que lo definiera, por lo que inexorablemente el valor de su música se diluyó…

Pero no sólo con el arte pasa esto, nadie se escapa de esta guerra de baja intensidad organizada por la publicidad y su aliado, el consumismo del cual somos prisioneros. El “quién sos como ser humano” ha perdido su valor en sí mismo. Debés de formar parte de algún eslabón de la cadena de “clisés” impuestos para poseer un valor frente a los “otros”. Los signos, también definen o conceptúan, matando el valor de las cosas en sí mismas. La sociedad vive una subjetivización e idealización de valores. Por esto, ahora, aunque todo pasa más rápido, cada vez pasan menos cosas, por la debilidad e incapacidad existente de preguntarnos cosas profundas e ir desapareciendo subliminalmente como seres humanos.

¿Hasta qué punto somos víctimas de esta domesticación, diseñada para minar lo rebelde que hay dentro de nosotros? ¿Hasta que punto estamos tan enajenados por los signos al servicio del status y el consumismo? Como alacrán que se muerde a sí mismo, Baudrillard, creía que “en la sociedad actual todo lo que está “en contra” termina por asegurar la permanencia del “por”, es decir, termina estando “a favor”. Pero nosotros… ¿Seremos capaces de estar siempre en contra?

miércoles, 18 de junio de 2008

Para Roberto Fernando, de mí.

He sostenido a lo largo de lo que llevo de existencia que el matrimonio como contrato social, no es más que una ratificación de intereses sino media el amor. Hace 25 años me casé por primera y única vez. La decisión fue en un atardecer en una playa sin que mediarían bebidas aromatizantes, ni cosas extrañas, sólo dos cuerpos , dos personas que se amaban y una hermosa roca-

Han pasado muchos años y, en mi más profundo silencio celebro ese día, ya que la pasión desaparece en segundos, en minutos, en horas…y lo más importante en la vida, es saber que una cuenta con una persona parecida a una. Quiero dedicar este bello día, al hombre que me enseñó a ser entre otras cosas, una gran mujer, A creer en las flores silvestres, en Neruda, la lucha cuando se ponía en juego más que el amor, el desentimiento del egoísmo, releer juntos El Principito, el dibuji en un espejo de un conejo dejándome un beso, compartir con los compañeros y compañeras que serán para mí, mi gran familia de siempre. Amar, simple y sencillamente amar, en libertad, que es lo que se logra, cuando el amor es verdadero. Para vos, Roberto Fernando, todo mi amor y respeto, por ser un hombre que pudistes enfrentar los desafíos en esta vida y son mi gran legado. Un beso y una rosa amarilla, que simboliza nuestra hija, la María, a como siempre le dijistes. ¿Sabés? Por algo no me he vuelto a casar, solo mentiras he encontrado, fuimos felices ¡eso es lo importante¡

jueves, 5 de junio de 2008

No todo está perdido

No todo está perdido





Dedicado a mis maravillosas hijas: Ma. Gabriela y Marcela María



Por Aurora Suárez

Creo que se hace imprescindible y casi obligatoria en tiempos actuales la lectura de “El Principito”. Crisis multidimensionales entre la que se registra como una de las más lamentables la de los “valores humanos”. Y esta sugerencia no es para convertirnos en escapistas de la realidad o militantes utópicos, todo lo contrario, más bien para procurar protegernos y reverdecer, - ser sin el deber-ser -, ante los constantes embistes que somos víctimas día a día: sociales, políticos, económicos, morales y de toda índole. Ya no podemos hablar de “tejidos” sociales, más bien de tapices agujereados, una sociedad fracturada y definida desde el poder porque definir, es poner límites.

Leerlo, es rebelarse y reconstruirse más allá de las corrientes de pensamiento contemporáneo (utilizadas como técnicas de domesticación); rescindir de sectas o espiritualismos falsos que creemos alimentan esperanzas o llenan abismos (redentores de las soledades existenciales); descreer sin dolor de lo material (por la devaluación del contenido significativo de la vida); sonreír sin compromiso y vivir nuestras vicisitudes plenamente (imposibilitadas por el agotamiento metafísico del ser y las discusiones axiológicas) y llorar la muerte del amor, la solidaridad, la bondad, la verdad, la honestidad y la lealtad (para romper con el escepticismo), entre tantas cosas perdidas.

La tendencia reinante es un abandono total al ser y la descalificación a las utopías humanistas: pero no al humanismo clásico (que separa la mente y el cuerpo) o modernista (que ha debilitado a las personas) o el postmoderno (filosofar a martillazos). Vemos pues, que al humanismo lo asesinaron los propios humanistas. Y nace entonces, una visión egoísta del orden humano, un zoológico humano a como le llamó Sloderdijk.

Antoine de Saint-Exupéry (Lyon, 1900 - en el mar Tirreno, 1944) autor de “El Principito”, un gran escritor y aviador, rompió las barreras y redimió con su genial y peculiar libro a ese “ser” tan buscado por las personas y a su vez, abandonado y mutilado. Es la abstracción confesa desde su “yo”, de las ilusiones truncadas y también la lucidez para aceptarlas. No en vano, en algún momento expresó: "Siempre quiero que mis desgracias se tomen en serio" y "me disgusta que mi libro sea leído a la ligera". Sugiere ser decodificado y por supuesto, disfrutar de su narrativa seductora y sin retórica literaria. Fue un hombre que para el, “ pensar y hacer eran la misma cosa". Manifestó en repetidas ocasiones que si no volaba no podía escribir y viceversa. Ambas actividades se nutrieron y convivieron siempre en armonía.

Su experiencia como piloto fue muchas veces el germen de inspiración de sus libros, aunque, resulta paradójico que un hombre que estuvo involucrado en diversas acciones militares como aviador y héroe en varias misiones, produjera una obra tan maravillosa, existencial y humanista como El Principito.

¿O quizás, la misma guerra que enfrentaba la Europa de ese entonces lo hizo reflexionar sobre la destrucción del espíritu humano, la soledad infinita y el arrebatamiento de su espacio interno? ¿Sufrió el desencanto de la ilusión de un presente siempre ficticio e ideal? Supongo, que de allí se deriva esta autobiografía personificada en un niño que más que un cuento infantil que arrastra hacia un viaje fantástico espacial y terrenal (como las bandadas de pájaros que condujeron a El Principito), es fundamentalmente un cuento para adultos. He escuchado en mi vida expresiones tales como ¡Qué libro más lindo! ¡Cómo amaba su rosa! Más allá del sabor candoroso y tierno que nos dejan sus prosas, es un llamado de atención a las personas y al sistema mismo.

El Principito, es una sinopsis de valores que deberían imperar en nuestras sociedades y que a diario se esfuman. Encontrarlos, es como descubrir agua en el desierto. Es el rescate de la sabiduría infantil, esa sabia y poderosa ingenuidad. La historia de un niño que encarna toda una filosofía sobre la vida basada en el amor, la sencillez, la bondad y la verdad. Y por ello, constituye la tercera obra más leída después de La Biblia y El Capital de Carlos Marx.

Nos enseña a no continuar vegetando, a liberarnos del escepticismo que ocupamos de escudo y a rescatar lo simple y sencillo. No sé por qué leerlo y reelerlo siempre me ha causado una sensación de un collage de diversas filosofías. . No sé por qué al leerlo y reelerlo siempre me ha causado una sensación de un collage de diversas filosofías sin nombre. En sus páginas he encontrado disfrazados a Lao Tsé (“El sabio no enseña con palabras, sino con actos”), a Borges (“Uno está enamorado cuando se da cuenta que la otra persona es única”), a Camus ("Los tristes tienen dos motivos para estarlo: ignoran o esperan."), a Sansot (“La soledad y el silencio son necesarios para la reflexión y, sobre todo, la auto-reflexión que posibilita el autoconocimiento, ese sumergirse en el propio «dentro», en la interioridad, para saber quiénes somos”), a Neruda ("Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan."), a Sartre (“Es por el hombre que hay valores en el mundo….y ha de hacerse a sí mismo en su existencia para encontrar su esencia.."), a Heidegger (“Ninguna época ha sabido tantas y tan diversas cosas del hombre como la nuestra. Pero en verdad, nunca se ha sabido menos qué es el hombre”), entre otros. No quiero definirle o imaginarle enmarcado en una corriente filosófica, pues sería matar su belleza y autenticidad.


Además, devela los dilemas afectivos del autor, su incapacidad de poder amar plenamente: abandona su Asteroide donde habitaba su más preciado tesoro, una rosa bellísima y vanidosa, por no querer pertenecerle. Después, El Principito descubre que hay miles iguales a ella, pero, que en definitiva su rosa era única. Se advierte la crítica al poder en sus diversos espacios con la visita de El Principito, a los planetas: Rey, militar, historiador, hombre de negocios… Cada uno de ellos simbolizando el afán de ejercer el poder, aunque solitariamente, trasluciendo la debilidad del mismo: su angustia y desesperanza. El Principito, obtiene su victoria sobre estos hombres y aún más sobre sí mismo: es poderoso, liberándose de ellos.

Es un grito de alerta a las personas adultas que tan fácilmente olvidan cómo eran cuando pequeñas y que se han embriagado hasta el exceso con y por el poder, las fantasías tecnológicas y la ausencia del sentido de responsabilidad, como sensibilidad humana..

No se puede dejar de mencionar que la afición de escribir de Saint-Exupéry surge desde temprana edad (seis años), cuando se enamoró perdidamente de una niña y fue a ella a quien dedicó algunos de sus primeros poemas. Entre sus obras encontramos El aviador (1926), Correo del sur (1928), Vuelo nocturno (1931), Tierra de hombres (1939), Piloto de guerra (1942) y El Principito (1943), ilustrada por él mismo, y con la que se dio a conocer mundialmente y Carta a un rehén (1944).

Póstumamente, salieron a la luz un libro de reflexiones, Ciudadela (1948), Carnets (1961) y la recopilación de artículos Un sentido a la vida (1956). Todas ellas constituyen una exposición filosófica sobre la vida: sus virtudes y defectos. Muchos de ellos, son existencialistas. Heidegger, dijo en una ocasión que El Principito era uno de los libros más existencialistas del siglo.

Es como una catarsis para recoger los pedazos de cristal humano regados dentro y fuera de nosotros. Rescatar para el “hoy y ahora” la inocencia y lo genuino que poseímos cuando éramos niños o niñas. Ahora que la sociedad moderna se halla estructurada alrededor de una ideología individualista, hay que superarla, con una ideología cultural solidaria. Este libro, es un canto a la esencia del ser humano.

En marzo de 2008, Horst Rippert, quien fuera piloto del III Reich de Hitler, se declaró autor del derribamiento del avión que piloteaba Saint Exúpery en 1944. El cuerpo nunca se descubrió, quizás, por que se encuentre en el Asteroide B 612 (¿en mi blog?) que él eligió en una de esas noches de sus controvertidos vuelos.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Beso de Angel


Beso de Angel


Dedicado a mi madre, Gladys Yolanda.


Camino,

siento el olor despedido desde los montecitos florecidos

que nacen en los espacios de tierra en las calles rayuelas de mi pueblo.

Este pueblo tuyo

repleto de alegría y colmado de colores...

Frente a una cosa fría y casi olvidada

me cala tu beso que baja como un ángel desde el cielo.

Beso que sentiste después de tanta ausencia.

Dibujé en el suelo tu rostro

Canté oraciones para vos

mientras limpiaba la maleza inmortal.

Te llevo unas rosas

Sólo rosas puedo darte,

Rosas que no tienen alas para volar.

Olorosas como tu piel recién bañada con heno,

suaves como tus manos gastadas por el tiempo.

Tus manos que tomé,

cuando el cielo se cerró,

cuando los luceros se escondían ante mis ojos

y el tiempo dejó de existir.

Sólo eso.

Mis versos estremecidos deshilando palabras perdidas

en esta tarde sin fin, puestos bajo tu nombre

en la lápida son el mayor epitafio.


Aurora Suárez

Mayo, 2008.

miércoles, 30 de abril de 2008

Fogones limpios, ollas brillantes


Fogones limpios, ollas brillantes

Por Aurora Suárez

Desde hace ratos se está abordando en los medios de comunicación el tema del hambre como si fuese algo nuevo en los sistemas o modelos pasados y actuales de nuestras sociedades. Las discusiones alrededor de la aplicación de este concepto ha generado diversos enfoques para su comprensión: fisiológico (centro regulador hipotalámico), sicológicos (preferencias alimentarias) y socio-antropológico (herencia cultural que determina el estado de hambre). Sin duda alguna, cada una de las teorías formuladas (homeostática, reflejo trópico, drive, etc.) para soportar dichos enfoques, son piezas de un rompecabezas que aún no termina de armarse y el debate continúa abierto.

Generalmente, interrelacionamos mecánicamente el “hambre con comer”. Una persona puede comer sin sentir hambre y viceversa o bien negárselo por motivaciones personales como políticas (huelguistas), religiosas (ayunos) o estéticas (las famosas dietas), de tal manera que la capacidad para ingerir o no alimentos no es condición sine qua non para determinar si alguien padece de hambre o no. Eso hay que dejarlo claro en primera instancia.

Si podríamos decir que el hambre es un estado de necesidad de elementos nutricionales derivado de la privación alimentaria en un tiempo determinado por factores multicausales. Pretender conceptualizarlo de manera absoluta constituye un grave error.

En Nicaragua no hay donde perderse. La falta de la disponibilidad (oferta nacional o suministro interno anual de alimentos básicos para consumo humano).y el acceso (físico, social y económico a los alimentos) constituyen los ejes centrales de la crítica situación y condición de inseguridad alimentaria; que adicionándoles como ingredientes el consumo (hábitos) y la utilización biológica de los alimentos (estado de absorción óptimo de los mismos por nuestro cuerpo) son causales determinantes del hambre y consecuentemente, de la desnutrición en sus diversas manifestaciones. Estas causas no son nada nuevo, pero sí eternamente ignoradas por grupos de poder político y económico.

Para lograr esta disponibilidad se requiere de un modelo de producción agropecuaria que responda en principio, a satisfacer las demandas alimenticias de consumo interno y crear las condiciones para que funcione una estructura social y económica (tierra, infraestructura, tecnología, precios, comercialización, etc.) que proteja la producción campesina y garantice una seguridad alimentaria y nutricional a la población.

Contrario a estas premisas, en los últimos dieciocho años en nuestro país, son los conglomerados exportadores quienes han sido los beneficiarios de las políticas del sector agropecuario (financiamiento, subsidios, etc.) .y no los productores de subsistencia o en pequeña escala, familias campesinas encabezadas por mujeres, campesinos sin tierra, trabajadores agrícolas o jornaleros o productores ganaderos en pequeña escala y agropastoralistas quienes son los que realmente pueden garantizar la producción de autoconsumo o consumo interno para superar la dependencia y así podamos atrevernos hablar de soberanía alimentaria. Por ejemplo, romper la dependencia de las exportaciones de granos básicos y garantizar lo que necesitamos comer en cantidad y calidad. No podemos obviar en este escenario, los últimos tratados comerciales y las desventajas competitivas para nuestros productores con relación a los productos agropecuarios subvencionados por los países metropolitanos, lo cual tenderá tarde o temprano a intensificar la dependencia alimentaria externa.

Para lograr el acceso a los alimentos debe existir simetría entre los ingresos y el precio de los alimentos de la Canasta Básica Alimentaria (CBA). Algo como imposible en Nicaragua, donde el 39 % de la población vive con menos de un dólar y un 76 %, sobrevive con menos de dos dólares al día. En una familia promedio de seis miembros, se gasta sólo en alimentos C$ 2,392.0 y el valor de CBA es de C$ 2,030.45 y sólo perciben un salario entre C$ 1,025.90 y C$ 2,381.7 (MAGFOR, BCN, MITRAB. 2007). Evidentemente, el acceso es precario. Un dato más, el 70.2 % de hogares en el país apenas logran cubrir sus necesidades por debajo de lo recomendado en la CBA.

Todas las estrategias dirigidas al sector, no son y nunca han sido (a veces, en breves períodos “emocionales” políticos) preventivas sino más bien paliativas (congelar precios, otorgar semillas, etc.). Se continúan ofreciendo recetas viejas y caducas de folletos abandonados en estantes de muchos Centros de Documentación. Resulta más fácil engañar el estómago de la población con ayudas alimentarias (que su razón de ser es ayudar a las personas víctimas de desastres naturales, guerras, migrantes, entre otras), inventar huertitos, regalar animalitos con la esperanza de crear un fondo revolvente mientras suenan los tambores en el estómago y el campo agoniza de aridez.

Resulta inverosímil e irónico que sean los organismos internacionales (como el FMI) y agencias de cooperación quienes tengan que anunciarnos la alerta de: ¡Hambre¡ ¡Pobreza¡ para hacerlas creíbles, legítimas…y sólo así lograr mover a los funcionarios a revisar sus manualitos de desarrollo rural para volver a descubrir el agua caliente que, para producir en un país como éste, en principio se necesita: seguridad en la propiedad de la tierra, financiamiento y asistencia técnica para los pequeños y medianos productores. Y por supuesto, no es la vaquita o el cerdito (la primera, alcancía ambulante en el campo y muy seguro condenada al sacrificio, es decir, a su venta) quienes van a resolver el problema del hambre y la desnutrición latente.

Se necesita comenzar con una recontrarreforma o reforma agraria integral que de respuesta a la heterogeneidad social y territorial del país (para muchas personas esto suena a herejía o a socialismo plantearlo en pleno siglo XXI), ya que siempre se ha hecho mal o a medias. Es por ello que celebro la lucidez del recién electo Presidente del Paraguay, Fernando Lugo, quien anunció una reforma agraria integral. No está perdido.

(Pregunta histórica e impertinente: ¿Por qué y a qué se debe que nuestros pueblos precolombinos como los incas alcanzaran una dieta per cápita de 2,420 kilocalorías?)

De lo contrario, seguiremos alzando barriletes: ¿Hacia dónde va la producción? ¿Qué vamos a comer? ¿Seguiremos cargando con la dependencia en las exportaciones del arroz? ¡¿Cuál es la estrategia al sector agropecuario?¡ Y sólo encontramos discursos filosóficos de los años setenta: el campesino va y el campesino viene, pobre el campesino…Mientras un 27.2 % de niños y niñas en edades de seis a nueve años de edad presentan desnutrición crónica su talla (moderada y severa) y el nivel de suficiencia energética en el 49% de los hogares se encuentran en un estado crítico-deficiente y, estas cifras van en ascenso.

Estoy clara que dar recomendaciones y aún más, brindar soluciones es cómodo. Pero, el hambre no es aquel que leímos y nos arrebató el corazón en El Lazarillo de Tormes: aquí está, siempre ha existido y persiste. No es una novedad. Se palpa en las costillas de los niños y niñas, cabellos ralos y decolorados, las recurrentes enfermedades diarreicas y respiratorias agudas, baja capacidad de aprendizaje, etc. Se habla discursivamente sobre soberanía alimentaria, seguridad alimentaria y reducir los niveles de desnutrición crónica sin saber qué significan, la responsabilidad que implican y las consecuencias que acarrean. De lo contrario, existiría otro escenario.


¿Y cómo la estarán o estamos pasando la gran masa del sector urbano como los jubilados, desempleados, trabajadores del sector informal, niños y niñas de la calle, discapacitados, migrantes del campo hacia la ciudad? Lo imagino y lo vivo hasta cierto punto. Por mucho rato tendremos en el campo los fogones limpios y en la ciudad, las ollas brillantes.

jueves, 10 de abril de 2008

Raíces viejas

Raíces viejas

Raíces viejas

Por Aurora Suárez

Aún permanece vivo en mí, el recuerdo sonoro del motor de la panga que me desplazó hace algunos unos meses por las comunidades costeras del litoral sur y los ríos más importantes en la Región Autónoma del Atlántico Norte de Nicaragua (RAAN), pero aún más, el presente que se vive con olor a raíces viejas. Raíces viejas como metáforas de grupos étnicos y comunidades indígenas, luchando para ser reconocidos en igualdad, respeto, independencia y libertad. Todos esos conceptos generales y trillados en los cuales a veces caemos en la trampa de convertirlos en discursivos para ganarnos el mérito de personas de buena voluntad o para congraciarnos con el poder o sus súbditos con una ligera dosis de mesianismo.


Nicaragua es un país privilegiado en la región centroamericana en materia jurídica y legal. Ha suscrito diversos convenios, tratados y pactos internacionales vinculantes. Y en muchos casos han surgido novedosas y pertinentes iniciativas legislativas nacionales. Tal es el caso del Estatuto de Autonomía de las Regiones de la Costa Atlántica aprobado por la Asamblea Nacional en 1987 y reglamentado en 2003, el cual además del germen bélico que le precedió a su formulación, también es hijo de la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas promulgada por la ONU. Y por encima de todo, nuestra Constitución establece que Nicaragua es de naturaleza multiétnica y el Estado reconoce la existencia de los pueblos indígenas que gozan de derechos y garantías.


Se podría afirmar que la “mesa ha estado servida” para los costeños. Los aires de “unidad en la diversidad”, no son más que discursos y la pretensión de añadir “aquellos” al “todo” desde la óptica del poder y así, expandir y ejercer su control. Algo parecido al amor y el odio.


Paradójicamente, la protección y promoción de estos derechos por parte del Estado suenan a burla. Han transcurrido 21 años y en la práctica la autonomía continúa siendo una “utopía” para los costeños. Nunca las élites nacionales controladoras del aparato estatal, han dispuesto de voluntad política, mucho menos de recursos, para posibilitar un desarrollo autónomo de la Costa Caribe nicaragüense, el cual se evidencia en los altos porcentajes de pobreza y pobreza extrema (sólo en Prinzapolka se registra un 92% de la población como pobre) e insuficientes servicios básicos (el 14 % de la población está conectada a la red eléctrica similar el acceso al agua potable), entre tantas cosas.


Ni los U$ 17,353,254.96 de fondos (Informe RAAN. Huracán Félix.ONU. Diciembre, 2007) destinados de septiembre a noviembre del 2007 a la RAAN por el Sistema de las Naciones Unidas, han sido suficientes para satisfacer las demandas de la población afectada por el Huracán Félix, por que éstas son históricas, como parte de esa historia trágica donde lo que ha prevalecido es el abuso y la marginación hasta nuestro días, sino, veamos los recientes hechos violentos.


De nada sirve contar con todo un andamiaje jurídico-legal y comulgar con los nuevos paradigmas (“cultura compartida”, “interculturalidad”, etc.). Todo es una ilusión fabricada desde el poder. Sólo los ingenuos creen en una relación de matrimonio entre diversas culturas, quizás pudiese existir una pero de conveniencia, en la que ambos se engañan para tolerarse y sobrevivir, que es muy distinto. Evidentemente, las diferencias son tan “objetivas” (recursos naturales, poder político) como “subjetivas” (costumbres, tradiciones) aunque se ha insistido en adjudicarle a esta última la prioridad en la dicotomía existente para ocultar el expansionismo político y el beneficio económico del poder. No es en vano: la RAAN posee la mayor reserva forestal y exportaciones pesqueras del país (alrededor del 70%).


Además, encontramos con la singularidad que los conflictos étnicos en la RAAN han surgido a raíz de los conflictos políticos utilizados por líderes o grupos de líderes seducidos o rebeldes al poder (muchos de ellos representantes en los famosos “diálogos”), más que de una conciencia colectiva. Y por el lado del poder, estos han sido instrumentalizados.


Estos conflictos “entre y con” grupos étnicos y comunidades indígenas es la espuma desbordante del rechazo a la alteridad, al “otro”. Un escenario parecido al libro inconcluso que guardamos un tiempo y luego lo sacamos para continuar su lectura, tratando de redescubrir lo pasado y olvidando el presente: por eso nunca logramos comprenderlo. Es volver a hundirse o disiparse en espejismos; para agarrar aire y diseñar otras modalidades de antagonismos mientras llega el próximo desencanto… A fin de cuentas, buscar la paz y la felicidad a través de la confrontación. Similar al círculo vicioso de las componendas políticas, seguimos jugando a la libertad.


¿Qué más puedo decirles? ¿Por qué no dejarlos ser? ¿Por qué buscar lo que ya se tiene?


O acaso, nunca existieron hasta que los “reconocimos”. Me gustaría finalizar estas reflexiones tarareando una canción famosa de Los Beatles, que tan de moda están ahora en nuestro país:“Lets it be”. La retórica nuevamente perdió validez, pero los intereses siguen primando. ¿Hasta cuándo dejaremos de vernos en el espejo del otro para ser ellos o viceversa? No se olviden, la Costa, siempre ha estado despierta.




domingo, 6 de abril de 2008

¡Vaya, el tipo es un fenómeno!

¡Vaya, el tipo es un fenómeno!

“Hasta donde debemos, practicar las verdades”.
Silvio Rodríguez.


¡Vaya, el tipo es un fenómeno! Despego estas breves líneas, con esa expresión popular del pueblo cubano. Es como imposible dejar pasar desapercibido, el regreso a Nicaragua después de 25 años del poeta (para mí, eso es en principio) y cantautor Silvio Rodríguez. Más allá del “todo” que encierra su música, quiero reflexionar sobre el fenómeno social que desencadenó su regreso después de 25 años. Pude observar y sentir durante varias horas como se movía una heterogeneidad social, política, generacional, genérica, geográfica y cultural.

Imaginé encontrarme una fila con un montón de vejestorios cuarentones y cincuentones (por allí me incluyo yo) dispuestos a emprender un viaje al pasado, sentir por arte de magia el retorno del olor y color de las décadas de los setenta y ochenta. Me equivoqué. Observé desfilar como hormigas disciplinadas a personas de la tercera edad avanzada, mujeres y hombres con atuendos como para una función en el Teatro Nacional, gente sencilla, soñadores de revoluciones, madres solas con sus hijos e hijas, cheles palmados y cheles placas amarillas, personajes, en fin, un perfecto zoológico social.

Pero, lo más significativo fue la participación de la juventud. Eso me arrebató el aire, mientras a mi alrededor se diluían las generaciones de papel cebolla, esténciles y miguelitos. Me sorprendió una chavalada entre los 16 y los 22 años de edad, eran casi el 60 % de las personas asistentes. Por igual, andaban peluditos, potenciales artistas ocultos que revientan por dentro para que se les permita “ser”, los legatarios de sus padres y madres, los “gorritas nikes” con camaritas digitales o celulares como importados de un asteroide tecnológico, jeans y camisetas de sellitos “marca” y “paca”, fragancias europeas y pachulíes, en grupos, en pareja o solos, aspirantes a occidentales de segunda clase y mestizos, en fin de todo. Pero allí estaban. Y, como una tortilla de huevos -revueltos- sin importarles en ese momento “quién era quién”, su único objetivo era conocer y escuchar a Silvio.

Una vez más reafirmé mi tradicional escepticismo alrededor de uno de los tantos mitos fabricados por organismos para hacernos creer que “esta juventud es etérea, sin ningún interés por nada (¿O asfixiada por el sistema?), conflictiva (¿Y quién no lo fue en su adolescencia?), robotizada (¿Qué acaso es fácil el bombardeo de los medios?), sin ambiciones (¿Y cuál es el pan nuestro de cada día?) etc. Sentí, esa juventud expectante, participante y preactiva y se derrumbó el mito de esos organismos cuyo modus vivendi son los jóvenes para que sus funcionarios sigan llevando la “dolce vita”.

La disección y reflexión de ese paisaje pre-concierto, no fue nada en comparación cuando apareció Silvio en el escenario. La ovación, brincos y aplausos de la juventud en aquel momento son indescriptibles. Cantaron cada una de la letra de sus canciones y las que no sabían, fueron escuchadas como alumnos de primaria bien portados. ¿Por qué esto? ¿Qué tiene este tipo?

Silvio, encierra un todo, está más allá del bien y del mal, estruja y tira los discursos al basurero con la letra de sus canciones, es el hombre que cree, escribe y canta en presente. Es la canción poética y filosófica profunda sobre la vida misma en todas sus dimensiones: simple y compleja, sonora y a veces muy silente, híbrido cósmico y terrenal, despojada de promesas y cursilerías sobre el amor, cargada de verdades, dolores y felicidad, carismática….capaz de llenar cualquier vacío y de hacer catarsis. Y es por ello, que los jóvenes en la búsqueda de ese “algo”, la defensa – sin saberlo – de su identidad deshojada por la globalización y banda de cómplices (llámense por favor, políticos) que no la vivimos nosotros (una pila de románticos amantes de las revoluciones, creyentes de discursos y sin asco a la vida) se encontraban allí.

No existe “condición “X, Y o Z” para que la música de Silvio sea escuchada y admirada. Simboliza a la Revolución Cubana, el gobierno de la Unidad Popular, el aliento moral de los movimientos revolucionarios en América Latina, el personaje de un barrio, la naturaleza, los amantes, el amor, el trabajo, al cosmos. Encarna la cotidianeidad siendo capaz de arrancar lágrimas en una joven de 20 años, ese domingo 2 de Marzo 2008, cuando escuchaba “Gaviota”.

Nuestra juventud espera y cree en un Rabo de Nube. Así como yo. Gracias Silvio, por esa maravillosa noche llena de poesía, estrellas y verdades; sobre mi vida, la de aquel y la del otro. Tu música no pertenece a nadie: es de todas y todos. Derrumba los muros tecnológicos, a Daddy Yankee, Metálica, desnuda al inaguantable poder despintado y penetra por las fisuras más recónditas de cada espacio. ¡Sos un fenómeno hermano!

viernes, 14 de marzo de 2008

Del Vuelo del Cisne…al de los Pijules.


Por Aurora Suárez


Escuchando la radionovela cultural “El vuelo del cisne”, transmitida por Radio Sandino en horarios de 5:00 am con repetición a las 8: 45 pm bajo el auspicio del Banco Central de Nicaragua (BCN), que trata sobre la vida del poeta Rubén Darío, pude identificar un fenómeno que tarde o temprano detonaría: la nueva estrategia de la cultura de élite.


Todo parece indicar, que este replanteamiento surge para reposicionarse a través de sus propios adversarios que la arrinconaron: los medios de masas, para este caso, la radio. El anudamiento y la revolcadera, como esas serpientes de distintos géneros cuando las juntan, de las escuelas de Frankfurt, Birmingham, Chicago y las teorías Latinoamericanas del receptor, están en una nueva ronda de combate.


No sé por qué, al escuchar el programa en un primer momento, me produjo una sensación de un híbrido entre la cultura elite y la cultura de masas El rejuego de fondo musical de orquesta de cámara, polkas y mazurcas para amenizar la narración del ambiente nicaragüense de la época, alternándose entre ambientes rurales o premodernos (siendo el contexto esencialmente citadino), la inserción de expresiones cultas y latinismos con el léxico popular y la cadencia del acento campesino de la Nicaragua agraria de finales del siglo XIX.


En esta radionovela se revelan dos géneros distintos que se mueven con un conjunto de reglas propias, en “reinos” separados hasta hace poco y que hoy se abrazan: la cultura de élite y la de masas. Ciertamente, es perceptible la colonización de la una por la otra, e innegable que la cultura de élite ha sido arrinconada por la cultura de masas por un lado y, por el otro, la cultura popular fue totalmente subsumida por la de masas (el vallenato, el merengue, el rap, el regaetton, ya no pueden ser populares o regionales, porque inmediatamente las universalizan las industrias culturales). Y de aquí la relación de fuerzas claras a favor de la cultura de masas y su triunfo como colonizadora y madre adoptiva de las culturas restantes.


El profesor y poeta Guillermo Rothschuh Tablada ya advertía cómo a comienzos de la década de los ochenta polemizando contra algunos sandinistas, la alternativa clara entre la cultura popular (confundida como revolucionaria en aquella época) y la de élite: la cultura de masas, decía, la rebajamos halagando el atraso y el mal gusto o la refinamos, educándola. O nos hundimos, adaptándonos a ella; o la subimos hasta el nivel de los letrados.


El tiempo ha hecho más compleja esta elección. No se trata de establecer cuál es la mejor, sino cuáles son los efectos que produce y genera los imaginarios más fuertes de la mayoría. Sabemos que Rubén Darío estaba claro de sus manos de Marqués y también que indefectiblemente tendría que llegar a las mayorías. Desde el punto de vista de la cultura letrada, lo mejor que nos puede pasar es que una buena parte de nosotros, nos parezcamos, aunque sea de lejos al súper canon.


Desde los estudios culturales, lo interesante es identificar cómo la cultura de élite está buscando actualmente abrirse brechas con nuevas tácticas a través de los medios de masas (como Discovery Channel en la televisión, la música clásica en los tonos de celulares, los libros serios en la Internet, la adaptación de obras notables al cine, la radio culta, entre otros) para continuar subyugando las otras culturas aunque, es reconocible su avance ante su predecible derrota.


Si alguna institución del Estado realmente está promoviendo este avance ¡bienvenida sea la iniciativa¡ Sin embargo, no hay que hacer de la cultura de élite la panacea de los males de una sociedad.